El “maestro zen” y los secretos de la transformación de Nadia Podoroska

Oct 22, 2020 | Deporte, Psicología, Reconnective Sports, Salud

Pedro Merani tiene 63 años y es argentino, aunque desde 2003 vive en el exterior. Fue jugador de bowling, luego entrenador y desde 2009 es el head coach de Qatar.

La charla de más de una hora entre Nadia Podoroska, desde París, y Pedro Merani, desde Doha, termina con esa consigna. La rosarina no duda y lo hace. Varias veces. Transpira, el puño de su mano derecha se cierra y las piernas se tensan. Neutraliza los nervios por jugar su primer partido en el court Philippe-Chatrier. Al día siguiente, le gana a Elina Svitolina, la tercera preclasificada de Roland Garros, en una hora y 19 minutos y se convierte en la primera tenista proveniente de la qualy en avanzar a semifinales de un Grand Slam.

“Contra Svitolina, el partido lo jugó varias veces”, asegura Pedro Merani en un diálogo que se extiende por una hora y media. “Ahora entendés porqué Nadia se queda hablando dos horas conmigo”, bromea el otro entrenador de Podoroska junto a Juan Pablo Guzmán y Emiliano Redondi, quienes lo convocaron al equipo de trabajo poco después de arrancar, en febrero del año pasado.

“Me llama Emiliano y me dice: ‘Tengo tal vez a una de las mejores jugadoras de tenis de los últimos tiempos pero tiene problemas en su manera de pensar, en su mind setup’Nadia había caído en un pocito”, recuerda.

En su primer encuentro, entonces, le habló del zen. La rosarina, “inteligente y en la búsqueda de estas cosas”, según Merani, se interesó y le pidió un libro. Se llevó a su casa “La práctica del Zen” (Taisen Deshimaru) y quedó enganchada.

“En el Panamericano (NdR: campeona del singles en Lima 2019) todavía estaba en su proceso de entendimiento y de saber quién es ella, como lo está ahora también. Esto no terminó hoy, ni comenzó: sigue. Pero ella es un ejemplo de cómo se hace: medita a la mañana y a la noche, haces sus ejercicios de relajación, visualiza. Comprendió que su parte mental es tan importante como su aspecto técnico y físico”, la elogia Merani que se desempeña como entrenador nacional de bowling de la Federación de Qatar desde 2009.

Sin embargo, durante la pandemia, con Podoroska varada en la Argentina, afloraron sus dudas. “Estaba convencido de que iba a ser un desastre, pensé que me iba a pedir descansar del tenis”, confiesa. “Pero es una máquina. Físicamente está impecable y desde lo mental es fuertísima. Y esto es el trabajo que se hizo durante la pandemia”, remarca.

Fue entonces cuando comenzó a buscar nuevos ejercicios y a pedirle a Podoroska “visualizar que juega contra las mejores, hacer estrategias”. “Vos no podés pensar más grande de lo te vos te sentís. Si pensás que sos la 50 del mundo y no podés ganarle a las otras que están más arriba, perdés. Si sos 130 y pensás más grande de lo que sos, no vas a tener problemas de jugar con el resto. Al momento de agarrar la raqueta, tenés que sentir que lo podés hacer. No hay zen ni estrategia que valga. No podés sentir más allá de lo que pensás ni viceversa”, argumenta.

Llegó agosto y el momento de volver a competir. Pasaron Palermo y Praga, con derrotas dolorosas, y Saint Malo, donde obtuvo el título. Viajó a París, pasó la qualy y avanzó al cuadro principal. “Yo soy muy respetuoso del día en que jugás porque soy coach también y cada uno tiene una ceremonia para estar centrado. Entonces, al día siguiente, nos encontrábamos a la mañana y charlábamos. Después, escribía un cuentito para que cuando ella se levantara tuviera un cuentito, zen o de neurociencia o de algo que tuviera relación con lo que va a pasar ese día. Ella lo leía, lo tamizaba y me agradecía”, repasa sobre esa rutina en Roland Garros.

«Un solo día, no me acuerdo en qué partido, se sentía más nerviosa y hablamos una media hora. En general, hablamos una vez por semana, si es necesario dos, y chateamos. Lo más importante para mí es que haga los ejercicios y ella los hace. Pero lo de estas tres semanas fue increíble: jugó 20 partidos. Y a la mente la sostiene el cuerpo, si está cansada no hay concentración posible”, agrega con admiración.

-Fue la primera tenista en avanzar desde la qualy a semis de un Gran Slam y desde la semana que viene será top 50. ¿En qué cambia ahora tu trabajo? Porque vos comenzaste cuando estaba en un pozo negro.

-La empujo. Si ella se pone loca, la empujo al pozo negro y si pone la mano en la orilla, se la piso. Si ella se empieza a creer que es 50° en el ranking, semifinalista en Roland Garros, hubo algo que no entendimos.

-¿Por eso las declaraciones cuando perdió con Iga Swiatek y dijo: “Roland Garros no va a cambiar mi vida”?

-Yo le dije: “Pase lo que pase, el lunes 19 de octubre a las 9.30 estás entrenando, ganes o pierdas, porque esta vida continúa. Nos quedan 12 Roland Garros hasta que te retires. Nos quedan 50 Grand Slams. Esto es un aprendizaje”. Su vida no empieza y termina acá y es verdad. Por eso me encanta ella, porque lo va entendiendo. Le dije: “Para el zen, vos ya ganaste Roland Garros”. Pudo sentir y decir cosas que antes no podía. ¿Qué es lo importante en el zen? La predisposición gratuita a hacer las cosas bien. No hay ganancia en el zen. Tenés que hacer lo que te toca hacer, sin dudas, porque sino no estás haciéndolo.

-¿Y en qué vas a tener que estar más atento ahora?

-Es probable que empecemos a hablar más. Porque está acostumbrada a los torneos ITF, que juega 4 o 5 partidos por semana. Y ahora que va a jugar contra la 15°, la 30°, puede jugar un partido por semana y yo no quiero eso porque te vas de ritmo. Hay que hacer un trabajo más fuerte todavía. Pero eso es lo que nos tiene que gustar. Vamos a buscar ese desafío.

-¿Cómo hacés para que no le preocupe el ranking, que es lo que la hace entrar a los torneos?

-Nadia me hace acordar mucho a cosas que yo hacía cuando empecé, a veces me mira como si estuviese loco. Cuando empezamos me dijo: “Tengo miedo, tengo que conservar para marzo el puesto 300”. Y yo le dije de todo. Pero cuando dejó de pensar eso, empezó a bajar el ranking. Va a seguir bajando el ranking a medida que deje de pensar que el ranking es importante. ¿Es importante el ranking? Sí, pero no te afecta en tu juego. La esencia del zen en el tenis es que el tenis es una sola pelota, tenés que lograr jugar bien una pelota. Si vos te abstraes del inconsciente colectivo, tenés que jugar una pelota por vez. Por eso, cuando escuchaba al comentarista decir “perdió este punto, va a perder el partido”, que son pensamientos mágicos, yo me decía “no, lo perdés si es el último punto”. Fue algo que Nadia aplicó muy bien en los Panamericanos. El zenista está presente en lo que está haciendo: el único milagro que busca es que cuando come, come; cuando se baña, se baña; y cuando duerme, duerme.

-Su actuación le generó una exposición mediática alta. ¿Cómo se trabaja con eso y con el ego?

-Ahora hay que volver a empezar y ver qué ansiedades nos va a provocar. Pero hay que continuar con lo que venimos haciendo. Que Nadia me diga: «Estoy tranquila y bien», avanzamos un montón. Además, hay que alejarse de ese inconsciente colectivo que ve las cosas blancas o negras. El zen no tiene apego a las cosas y también trabaja el concepto del ego, que vive en el pasado y en el futuro y te hace dejar de vivir el presente, ya no hacés lo que tenés que hacer, que en este caso es jugar al tenis. Ahora vamos a tener que trabajar más. A dónde va a llegar no lo sabe ella, ni yo ni nadie pero vamos a ir a full.

-Dijiste que perder es un aprendizaje y hablamos de un deporte en el que se pierde más de lo que se gana. ¿Cómo se aprende de las derrotas?

-Hoy Nadia tiene que aprender porque jugó contra una máquina (Iga Swiatek). Hay que aprender sin tener miedo. La derrota en República Checa fue maravillosa porque analizamos cosas, ganó en Saint Malo y llegó a semifinales de Roland Garros. Bienvenida esa derrota porque ese partido le permitió darse cuenta de un montón de cosas. Si tenía la «desgracia» de ganar, se iba a la qualy, se creía supersónica y en la qualy quedaba afuera porque antes a esas jugadoras no les podía ganar. Tuvo dos o tres derrotas importantes este año que le han enseñado un montón.

-¿Notaste un cambio en eso con ella?

-Una cosa que siempre le digo a Nadia, cuando la competencia termina: hay que subir a la montaña y ver el valle. ¿Qué vamos a valorar de todo esto, lo que perdimos o lo que ganamos? Hace un año atrás no podíamos jugar más de dos semanas seguidas porque nos lesionábamos. Hace 6 meses hablábamos de conseguir un sponsor y nos cuestionábamos si podíamos ganar partidos. ¿Dónde estábamos y dónde estamos hoy? Hay que empujarla a que siga y siga.

Una crisis personal, un libro y una sensei 

A lo largo de sus 63 años, Pedro Merani trabajó con varios deportistas. Por ejemplo, acompañó a Melisa Gil en su preparación mental para Río 2016, cuando terminó octava en la prueba de skeet, y antes trabajó con la judoca Daniela Krukower. Asegura que el atleta de alto rendimiento es “receptivo” y resalta que “para que el cerebro incorpore algo, debe tener sentido y un significado personal”. “Si a vos no te interesa, no lo vas a hacer aunque yo mueva una mesa con la mente. Nadia está totalmente comprometida”, remarca.

-¿Qué es lo primero que enseñás?

-La respiración. Los chinos llaman al estómago el segundo cerebro y es porque está conectado con el sistema nervioso. En los ejercicios de relajación, que comienzan después, te doy pautas para sentir, por ejemplo, que el brazo derecho está cansado y el izquierdo tiene temperatura. Se busca que empieces a ser consciente de tu cuerpo. La mente puede pensar de una cosa por vez y ahí está el zen. Si me concentro en relajar el brazo, dejo de pensar en el problema que me traía.

-¿Por qué le incorporás la neurociencia?

-Yo digo que escondo el zen en la neurociencia porque tengo miedo de la parte religiosa, porque la gente se asusta. Por eso, muchos hablan de mindfulness y yo del bompu zen, que es el más elemental de todos. Pero, como te habrás dado cuenta, no te hablé de sentarte, mirar la pared y respirar. Después le agrego la neurociencia porque le da identidad al zen, la uso para avalar lo que yo estoy haciendo del otro lado, donde el zen está escondido. Hasta finales de los ’90 se creía que el cerebro era una roca y no se podía cambiar, cuando los japoneses decían desde el 1.300 que sí. Y la neurociencia te explica porqué podés ser otra persona desde el punto de vista científico: se descubrió la neuroplasticidad, que dice que podés crear nuevas rutas en tu cerebro.

-¿Cómo?

-El cerebro funciona con data y elabora un concepto a través de la ley de asociación. El 50% del cableado de tu cerebro viene desde que nacés con todo tu árbol genealógico. El otro 50 viene de papá, mamá, tíos, maestros de colegio, amigos, las redes sociales. Si vos no sos consciente, todo el mundo empieza a influir y a cablearte. Frente a un problema, el cerebro sigue con el programa que tiene, a menos que le des una opción. Y lo hago con ejercicios, donde la visualización es un arma fundamental. Se sabe que el cerebro no distingue lo que es real de lo irreal. Si yo te pongo electrodos, se van a iluminar las mismas redes neuronales si te pido que aplaudas y si visualizás que aplaudís. Esto significa que si yo manejo muy bien la visualización, puedo crear en tu mente que el cerebro tenga una opción distinta. Aprendimos que si vos dejás de pensar algo, esa red neuronal que estaba conectada, esa señal, empieza a ser más débil y la que vos usás se empieza a hacer más fuerte.

Merani empezó a meditar después de un viaje en 1986, año en el que empezó a entrenar con intermitencias hasta 2003 a la selección argentina de bowling. Un entrenador canadiense le recomendó el libro «Zen en el arte del tiro con arco» (Eugen Herrigel). La historia lo fascinó, reconoce que se puso “un poco obsesivo” y se buscó “un maestro zen”. En la Embajada de Japón le recomendaron a Yoshihiko Uchiumi, director del Instituto Argentino Japonés, quien se convirtió en su Sensei. Aunque con él comenzó con el zazen, su gran maestra fue Susana, quien le enseñó a aplicar el zen en su vida diaria.

“En 2003, con la crisis como excusa pero producto de una necesidad personal de ver si lo que sabía podía ser aplicado en el campo internacional, me fui a Kuwait un año. Kuwait gana por primera vez en su historia una medalla de oro en los dobles juveniles que se celebraron en Hong Kong y, debido a esa actuación importante, me llaman de Hong Kong para ser el Head Coach. Estuve entre 2005 y 2008, ganamos medallas en los Juegos Asiáticos en todas las categorías juveniles y en las de mayores. Me ve Qatar y me propone hacer un programa de desarrollo. Empecé en 2009, los chicos empezaron a ganar torneos nacionales, regionales hasta que, finalmente, en 2018 Qatar se convierte en campeón mundial. Ahora ya estoy a cargo de todo el programa de Qatar”, resume sobre su trayectoria.

Pese a estar lejos de Buenos Aires, mantuvo el contacto con su Sensei, quien murió en 2014. Dos años antes, fue ella la que consideró que había aprendido y estaba listo para usar su método. “Nada es casualidad, a partir de 2012 Qatar empieza a ganar todos los torneos. Al principio tenía miedo de hablar del zen porque es una cuestión japonesa. Empecé hablando del mindfulness (podría traducirse como reconocer lo que está sucediendo mientras está sucediendo) y relajación. Hoy, ellos ya saben que hacen bompu zen, cuyo fundamento es entender cómo funciona la mente y la pregunta ‘quién soy yo’”, profundiza.

“Como a mí me ayudó, creo que puedo ayudar a la gente. Los chicos de bowling me dicen que se sienten distintos a los demás porque tienen metas y enfrentan lo que les pasa. Una vez, uno me dijo: ‘Todo lo que aprendimos lo aplicamos en la universidad y hoy mi hermano y yo estamos recibidos’. Y yo casi me pongo a llorar, porque son las cosas importantes. Pero sé que esto no es para todos y no creo que les sirva a todos. La gente tiene que necesitar esa ayuda. Si no tenés la soga al cuello, es complicado”, opina.

Por último, resalta la importancia de hacerlo guiado por otra persona: “La gente tiene miedo a la frustración y hay otra que no le gusta verse porque no le gusta lo que encuentra. Por eso es importante que haya una persona que entienda lo que te pasa, porque si no hacés lío. Es la única manera de cambiar”.

Fuente: Clarín

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